
Cuadro
Acero cromo-molibdeno, compacto y resistente. Su geometría define si la bici es más veloz o más técnica.
Una BMX no tiene adornos. Todo lo que lleva responde a una necesidad concreta: resistir, girar y responder al instante. Esta es la guía completa del equipo, pieza por pieza.
El equipamiento se divide en dos grupos: lo que hace andar a la bici y lo que protege a quien la conduce. Ambos importan por igual.

Acero cromo-molibdeno, compacto y resistente. Su geometría define si la bici es más veloz o más técnica.

Doble pared, rayos reforzados y manzanas selladas. Pequeñas para acelerar y aguantar aterrizajes.

El centro de mando. Altura y ancho determinan control y comodidad en cada maniobra.

La pieza innegociable. Ajuste firme, buena ventilación y reemplazo tras cada impacto fuerte.

Guantes, rodilleras y espinilleras. Absorben el primer golpe y sostienen la progresión.

Tubos que se montan en los ejes para deslizar sobre bordes y barandas en disciplina street.

Suela plana y adherente para fijar el pie al pedal sin resbalar en los apoyos.

Madera, hormigón o tierra. Cada superficie devuelve la energía de una forma distinta.
Rodar preparado evita cortar la sesión por un contratiempo menor. Este es un inventario mínimo que cabe en una mochila chica y resuelve la mayoría de los imprevistos.
El mejor equipamiento es el que se cuida. Una rutina simple de revisión mantiene la bici segura y previene fallos justo en el peor momento.
Dos minutos de revisión antes de cada sesión evitan sustos que tardan semanas en curarse.